Partiendo de la naturaleza de constructores que tenían sus antecesores en los albañiles medievales, la Masonería persigue la autoconstrucción personal del individuo a través de un “Método Masónico”, que mantiene el compromiso que aquellos tenían con el trabajo que desarrollaban: "Lo que tú haces, te hace".
De esta forma, la Masonería se constituye como una institución esencialmente filantrópica, filosófica y progresista, teniendo por objeto la búsqueda de la verdad, el estudio de la ética y la práctica de la solidaridad.
La Masonería trabaja por el mejoramiento material y moral y por el perfeccionamiento espiritual, intelectual y social de toda la humanidad.
La Masonería tiene como principios la tolerancia mutua, el respeto de los demás y de uno mismo y la absoluta libertad de conciencia.
De la organización de las logias de albañiles medievales mantienen la clasificación de los Hermanos en tres grados: Aprendiz, Compañero y Maestro. Siguen ritos y símbolos heredados de aquella época y curiosamente su lema ha obtenido su mayor difusión gracias a la Revolución Francesa, que lo tomó de ellos: "Libertad, Igualdad, Fraternidad".
En la actualidad, la Masonería trabaja según los usos tradicionales, “A la Gloria del Gran Arquitecto del Universo” y en presencia de las tres Grandes Luces (el Libro de la Ley Sagrada, la Escuadra y el Compás) , manteniendo así vivo el tesoro de la Tradición, tal y como nos ha sido legado por los que comenzaron y crearon la Francmasonería.
Por último, a cada francmasón se le reconoce la mayor y más absoluta libertad de pensamiento, de conciencia y de determinación de los símbolos en virtud de la práctica de la tolerancia masónica que permite a cada francmasón, en su propia búsqueda de la Verdad.











