La Franc-masonería se define ella misma como un “bello sistema moral impartido bajo el velo de la alegoría por medio de símbolos”. No es una escuela y su enseñanza no puede comunicarse como la enseñanza rigurosa y única de una ciencia aplicada.
En palabras del escritor Jean Pierre Bayard “La franc-masonería enseña, sobre todo, a tomar conciencia de no ser todo lo que uno mismo quisiera ser; la franc-masonería no impone dogma alguno; no dispensa lección alguna; la franc-masonería ayuda al individuo, a despertar”.
Los valores morales que ella vehicula, no le son además exclusivos; el conocimiento de sí mismo, el amor al prójimo, el respeto a la autoridad legalmente constituida, los deberes hacia el Ser Supremo, etc.
Lo que si le es exclusivo sin embargo, al menos en occidente es el vehículo; es decir el rito iniciático. Este último es en efecto una alegoría elaborada de la vida, que imprime en el iniciado una profunda meditación, una percepción y una acción interior gracias a las cuales el hombre despierta y supera sus propios límites, su yo personal.
El objetivo primordial de la masonería es pues, la mejora del individuo y por tanto el de todo el género humano en su conjunto.










